Izan diren lege aurrerapenez gain, gaur egun oraindik, gorrotozko delituak egiten dira sexu eta genero aniztasunaren arloan. Estatu espainolean, adibidez, gertaera hauek izugarri ari dira handitzen, LGTBI taldeek salatzen dutenaren arabera. LGTBI pertsonen eskubideen defentsan dena lortua dagoela pentsatzen badugu, gizarte bezala ez dugu jakingo nola aurre egin gorroto delituei. Oraindik ere populazioaren zati bat gorrotatzen dugula onartzea, gizarte bezala ez da erraza baina horrela da.

Podría explicar de muchas maneras porque con Trump de presidente de EEUU me entran ganas de escribir sobre delitos de odio y las personas LGTBI. Quizás sea que avanzo (o adivino) un panorama que, si empieza a ser muy complicado para personas inmigrantes y/o refugiadas, no lo va a dejar de ser para cualquiera que transgreda los deseos o los géneros normativos.

Con independencia de los avances sociales, o mejor dicho, a pesar de los avances legales, la realidad a día de hoy es que se siguen produciendo y cometiendo delitos de odio por diversidad sexual y de género en todo el mundo. De hecho, en el Estado español se están incrementando de forma exponencial, tal y como denuncian los colectivos LGTBI. Además, según el Movimiento contra la Intolerancia, «nos encontramos en una situación de infradenuncia con una cifra oculta del 80%. Hasta un 70% de los casos de delitos de odio por esta causa no son denunciados. Podemos seguir hablando de un colectivo bastante invisibilizado y expuesto a grave riesgo de sufrir violencia».

A nivel internacional, la situación se caracteriza por el reconocimiento formal de gran parte de los derechos humanos para el colectivo LGTBI en muchos Estados, pero también por la imposibilidad de ejercerlos para la mayor parte de toda la humanidad. Muchos países siguen sin contemplarla igualdad legal de la población LGTBI respecto al resto. Según un informe, hasta un 39% de los países miembros de la Naciones Unidas consideran una actividad ilegal las relaciones entre personas del mismo sexo. En 75 países, la vida de las personas LGTBI está restringida por una serie de leyes y de prácticas sociales que les impiden beneficiarse, al mismo nivel que el resto de la población, de derechos fundamentales tales como el derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad corporal, a la protección de su seguridad, a un empleo, a la educación, a los medicamentos, así como a las libertades de asociación y expresión.

Los actos de violencia contra transexuales, gais y lesbianas se desarrollan a menudo sin estorbos y con una total impunidad. Ejemplo de ello son los numerosos casos de asesinatos de activistas gais en Colombia o de mujeres transexuales en Honduras, Guatemala, Brasil o México, los cuales en su mayoría no son ni investigados y quedan en el olvido. Esta impunidad se observa de forma particular cuando son las mujeres las expuestas a la misma.

Se asume la existencia de los delitos de odio por diversidad sexual y de género en contextos sociales en los que, por ejemplo, la homosexualidad está castigada con penas de prisión o muerte o en lugares donde se produce una violación sistemática de los derechos humanos. Sin embargo, cuesta mucho más asumir la existencia de estos delitos en nuestra sociedad. Pero aquí, en nuestro entorno, también se producen agresiones apersonas porque quieren vivir determinada sexualidad o tener un género que no es el asignado de nacimiento. Y esa percepción es la que hay que empezar a cambiar. Porque sólo desde la aceptación de la existencia de los delitos de odio es desde donde se podrá empezar a trabajar para su erradicación. Si pensamos que en la defensa de los derechos de las personas LGTBI está todo conseguido, caeremos en la tentación de no saber hacer frente como sociedad a los delitos de odio, o peor aún, de dejarlos vacíos porque la idea de que “eso aquí no pasa” adquiere más fuerza que la evidencia de que se siguen vulneran-do los derechos de dicho colectivo.

Resulta difícil como sociedad asumir que todavía hoy existe odio hacia parte de su población, pero es así.

LALA MUJICA, ALDARTE

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