El Foro de Asociaciones de Educación en DDHH y por la Paz de Euskadi se hace eco de nuestro último artículo. Os compartimos el contenido del mismo:

Si echamos una mirada global al mapa del mundo, podríamos concluir que existe pluralidad de realidades LGTBI. Sin embargo, mirando más detenidamente, podemos ver que hay un hecho que a día de hoy, se da globalmente: los delitos de odio por OSIG (Orientación Sexual e Identidad de Género).

Los delitos de odio por OSIG se podrían definir como: «toda infracción penal, incluidas las infracciones contra las personas y la propiedad, cuando la víctima, el lugar o el objeto de la infracción son seleccionados a causa de su conexión, relación, afiliación, apoyo o pertenencia real o supuesta al colectivo LGTBI” y tal como señala la declaración de la UNESCO, estas infracciones suponen la quiebra, siempre mediante delito, del principio de tolerancia, respeto, aceptación y aprecio a la diversidad humana.

Los prejuicios hacia la diversidad sexual y de género, la no aceptación, el rechazo… es un fenómeno global, no exclusivo de determinadas sociedades, culturas o religiones, ideas que tienen su origen en los prejuicios hacia esas realidades. Sí es cierto que la forma en la que se materializan y la respuesta para combatirlos depende del contexto más concreto.

Existe una falsa idea de que los delitos de odio por OSIG es una realidad propia de países en los que no existe ningún tipo de legislación que regule los derechos de las personas LGTBI. Pero se producen también en aquellas sociedades con legislaciones en materia de derechos de las personas LGTB, sociedades que a pesar de ello, no están libres de prejuicios hacia la diversidad sexual y siguen registrando casos de delitos de odio.

Otro elemento por destacar es que los delitos de odio por OSIG no son una realidad que atañe única y exclusivamente a las personas LGTBI. Es la sociedad en su conjunto la que ve vulnerados sus derechos y los pilares básicos de la convivencia. De la misma forma, se trata de una violencia que traspasa fronteras, clases, etnias y religiones. Por lo que no se nos puede olvidar la repercusión que dichos delitos tienen tanto en nuestro entorno cercano como en el marco internacional.

Por ello, creemos, que la respuesta ha de darse desde abajo, de forma colectiva y con la implicación de toda la sociedad, porque si pensamos que “eso no tiene que ver conmigo” estaremos contribuyendo cuanto menos a que los delitos de odio por OSIG se sigan produciendo.

ALDARTE

Elena Olaortua y Udane HerFer